Un nuevo amanecer: Cómo debemos hablar a Dios (Parte 7/7, Final)

Tengan una conversación con Él
Cuando se sientan desamparados como si todo hubiese acabado, y les parezca que los lazos se han roto, que la fuente se ha agotado, vean entonces lo que les aconsejo:
 mantengan una conversación con el Señor y díganle: «Señor, Tú me has rechazado, Tú me has abandonado, Tú me has olvidado, estoy disgustado, Tú ya lo ves… Pero en fin, qué le vamos a hacer, Señor, estoy atrapado, me he comprometido en el camino de la luz, y no puedo retroceder. Algunas veces pienso en cambiar de rumbo, en volver con los incrédulos, pero no puedo, Señor…

Porque a pesar de lo que Tú hagas, no hay nada mejor que este camino. Entonces, haz lo que quieras, pero yo no puedo cambiar. Aunque me sienta mutilado, desdichado, enfermo, continúo. Aunque me sienta enfurecido, excitado, no puedo cambiar de camino: ¡no hay otro camino! Peor para mí, yo continúo».
Si le hablan de esta forma al Señor, les oirá
En aquel momento, el Señor que les escucha (¡y El sólo escucha estas palabras !), da a Sus servidores la orden de que les ayuden. Cuando en la tierra un pobre hombre pronuncia semejante oración, enseguida se le transmite el mensaje. Para este tipo de mensajes, el Señor tiene tiempo, dice: «En cuanto a éste, inscriban su nombre, es el hombre más inteligente. Está descontento, se siente desgraciado y sin embargo dice que no puede cambiar de camino. ¡Ah! Hay que ocuparse de él.»
Así pues, ¡háblenle al Señor de esta manera! ¿Por qué no Le han hecho nunca un ruego como éste? Por el contrario, Le amenazan, diciéndole: «Ah, ¿es así? Pues bien, vas a ver, no creeré más en Ti. Se ha terminado, no Te daré nada más…» ¡Ni tan siquiera una vela!» Observen qué amenaza: «¡Ni tan siquiera una vela!» El pobre Señor llorará, sépanlo, porque habrá un cirio menos en las iglesias y entonces Le faltará luz…
No hay nada peor que decir o pensar: «Pues bien, ¡se ha acabado!» Créanme, la mejor solución, es ésta: Vayan al encuentro del Señor, lloren, giman, díganle lo cruel que es, lo desgraciados que son: habían contado con Él y Él no les es fiel… Bueno, todo esto… Pero, al final, añadan lo siguiente: «Es solamente que no hay otro camino. No puedo echarme hacia atrás. Entonces, qué quieres Señor, continuaré creyendo en Ti y sirviéndote.» Tutéenle, si quieren, ¡no se molestará! Pero terminen su oración así, mis queridos hermanos y hermanas, porque, lo repito, es la mejor.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Obras Completas, vol. 26, Acuario: Llegada de la Edad de Oro, I
Cap. 2, La verdadera religión de Cristo

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